sábado, 20 de julio de 2013

Un análisis sociológico del choque de idiosincrasias como generador de manifestaciones de violencia en El Salvador

Choque de idiosincrasias: Generador de manifestaciones de ira y violencia de todo tipo en El Salvador, tales como odio, envidia, egoísmo, difamaciones y prejuicios. Al observar el entorno en El Salvador nos damos cuenta que la violencia es el factor común todos los días, lo vemos en el matrimonio manifestado en celos, competencia, desacuerdos, violencia intrafamiliar, también en el trabajo mediante conspiraciones, bloqueos a ideas, acosos, rivalidades, formación de argollas de poder, en la iglesia mediante ataques entre denominaciones de si es relevante o no la virgen maría, respetar el sábado o domingo, donar o no sangre, tomar o no café, en la política confrontaciones y desacuerdos que atrasan el crecimiento y desarrollo y lo más mediático la violencia social en la calle. La gente en El Salvador está cargada de resentimiento e ira, desencadenando todos los días odio, envidia, egoísmo, soberbia, difamaciones y prejuicios. Todo obedece a la falta de afecto, aprobación y cariño ausente desde la infancia aunado al predominio del instinto animal que poseemos los seres, que con ideas y sentimientos de este tipo nos falta muchísimo para ser seres humanos. Pero también hay un elemento sociológico y es el que interesa y ocupa este blog: El choque de idiosincrasias. Muchas personas que viven o han vivido en el campo poseen ausencias afectivas, morales, o han sido golpeadas por la pobreza, apatía de sus padres, soberbia o poseen el gen de la ira, pero que en su hábitat por su idiosincrasia y cultura, basada en trabajar, acostarse y levantarse temprano, acudir a la iglesia y celebrar sus fiestas patronales, no les despiertan el sentimiento de exclusión y marginación y de alguna manera existe un nivel aceptable de armonía por ser parte de y encontrarse en las mismas condiciones. El problema se da cuando emigran a la capital aunque posean dinero o no, vienen con el autoestima deteriorado o subestimado por la expectativa del trato que recibirán de los capitalinos por ser del campo, y se profundiza cuando choca su idiosincrasia, con la de la capital basada en ambición, medida de la persona a base de éxitos profesionales y dinero, exclusión, competencia, argollas de poder, placeres excesivos y nocivos, transculturización, moda, malicia y astucia para lo negativo. Al integrarse a las diversas facetas de la capital en muchos casos han sido golpeadas por la exclusión, marginación o infidelidades, pero los que se han adaptado a la dura idiosincrasia de la capital han tenido que endurecer el corazón como medio de adaptación y soporte, formando grupos de autoprotección y utilizando la denigración, conspiración, corrupción, ofensa, y violencia de todo tipo; mientras los que no lograron adaptarse a ella o han tenido el gusto por los antivalores que ofrece, han caído en alcoholismo, drogadicción, prostitución y delincuencia. Por eso encontramos personas con severos problemas de vicios o personas que han destacado en sus estudios, tienen dinero, pero inconscientemente cargan la subestimación de sus raíces y lo matizan con arrogancia, complejos de superioridad, egoísmo, en los trabajos bloqueando personas, en el matrimonio compitiendo laboralmente y subestimándose, fomentando la corrupción, y en el barrio o colonia dando muestras de superioridad económica o conflictos urbanos.